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Comunicado de prensa del 01/05/2006 PDF Imprimir E-Mail

PRIMERO DE MAYO DE 2006

  • Susanne tiene 20 años y junto con otras 10 compañeras trabaja como aprendiz en un taller de confecciones de Kumasi, en Ghana. Ni ella ni sus compañeras reciben un salario o un ingreso por el trabajo que hacen. Dependen de sus familiares para la comida, el transporte y el alojamiento. Sueñan con adquirir sus propias máquinas, lo cual les saldría por unos 55 US$, pero ese sueño puede que nunca se realice.

  • David, de 25 años, acude a entrevistas y cursillos de capacitación para tener acceso al mercado laboral en Australia. Pero debe encontrar un empleo para poder sobrevivir porque el gobierno ha disminuido sus ayudas a los desempleados. David está preocupado por su futuro.

  • Julio tiene 24 años. Es un joven trabajador desempleado en Paraguay al que se le negó un trabajo en una fábrica por el hecho de estar su hermano trabajando en ella. Y es que su hermano fue de los primeros en reivindicar sus derechos en la empresa.

  • Maria tiene 24 años y trabaja en un restaurante de comidas rápidas en Bélgica. Trabaja en la cocina en condiciones de precariedad e inseguridad ya que no se toman las medidas necesarias para la preparación de comidas calientes. Sus cicatrices en un brazo son la huella de un accidente que tuvo en el lugar de trabajo.

  • Dusanth, de 20 años, y Parivala, de 21 (nombres ficticios), traban las dos en la cadena de restaurantes "Neelagiris" que posee unos 20 establecimientos en Sri Lanka. Se les prometió un sueldo de 25 US$ por mes y reciben menos y además no se las dio de alta en la Seguridad Social. Los trabajadores de estos restaurantes están obligados a realizar horas extraordinarias no remuneradas. Trabajan un número inaceptable de horas desde las 4.30 de la madrugada hasta las 11.30 de la noche. La empresa solo tiene un pequeño dormitorio para los 60 trabajadores que se quedan después del trabajo.

Son millones los jóvenes con situaciones semejantes tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados. Trabajan con contratos temporarios, en la economía sumergida, en las zonas francas, a domicilio, en plantas de producción de empresas multinacionales. Tiene poco o ningún acceso a la protección social, a la atención de salud, a los derechos de maternidad, de jubilación, a vacaciones pagadas. En muchos países, los trabajadores temporarios y los que trabajan en las zonas francas no tienen derecho de organizarse en asociaciones de trabajadores y en sindicatos. Las jóvenes que trabajan en el servicio doméstico, en las plantaciones de flores y en las zonas francas son a menudo víctimas de la discriminación de género, de abusos sexuales y malos tratos. Hay jóvenes, en particular mujeres, que son objeto de tráfico de seres humanos, prometiéndoselas un trabajo decente y una vida mejor, que son víctimas de la industria del sexo y de otras actividades delictivas. Muchos jóvenes emigran a otros países o a grandes ciudades donde pasan a ser víctimas de discriminación, explotación y exclusión.

Hace más de 120 años, los trabajadores lucharon por obtener la jornada laboral legal de 8 horas. Los convenios de la OIT sobre jornada laboral reconocen este derecho. Y sin embargo, después de 120 años de lucha, sigue habiendo trabajadores en el mundo obligados a prestar un número inaceptable de horas extraordinarias no remuneradas. Muchos países del mundo no prestan la suficiente atención en cuanto a aplicar este derecho sobre jornada laboral en un contexto en el que se necesita crear "casi mil millones de empleos en la próxima década" para solucionar el problema del desempleo.

La mundialización económica neoliberal está asolando la vida y el trabajo de los jóvenes y los está dejando sin protección. Servicios públicos como la enseñanza, el suministro de agua y luz, el transporte o la salud, están siendo privatizados, dejando a los pobres y a los excluidos al margen de la sociedad. El número de pobres y de desempleados está aumentando cada día.

La JOCI, como movimiento internacional de jóvenes trabajadores presente en 50 países en todos los continentes, realiza acciones que afectan a más de 100.000 jóvenes con o sin empleo. La JOCI defiende el derecho de los jóvenes trabajadores a vivir en dignidad. Entre sus luchas, la JOCI reivindica el derecho a la educación, la igualdad de género, el derecho a la formación profesional, a un trabajo decente y a una protección social. 

La JOCI hace una llamada a todas las naciones para que respeten el derecho de los trabajadores y ratifiquen los convenios de la OIT, para que decreten leyes en este sentido y las implementen. Sólo se puede lograr una economía productiva sostenible mediante el respeto de los derechos de los trabajadores. La protección de los trabajadores y los sistemas de salud tienen una influencia directa en la eficacia de la producción y en los servicios que deben instaurarse a través de políticas y medidas de protección social.

Es hora de que los gobiernos y las empresas reduzcan la jornada laboral sin tocar al salario o a las ventajas de los trabajadores, de modo a crear nuevos empleos. ¡Seamos la voz de tantos millones de trabajadores que luchan por su derecho a obtener trabajo decente y sostenible para todos y todas! 

Bruselas, 28 de abril de 2006

Thiruvalluvar Yovel
Presidente,
Juventud Obrera Cristiana Internacional

 

 
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